Impuestos nuevos para la movilidad del futuro

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Impuestos nuevos para la movilidad del futuro

La movilidad del futuro plantea no pocos retos a las ciudades, sobre todo a las de mayor tamaño. Cuando se habla de la forma en la que las grandes urbes van a cambiar o de cómo serán los hábitos del transporte del futuro debe tenerse en cuenta los retos a los que se enfrentan los responsables políticos de las mismas.Un informe elaborado por McKinsey y que ha tenido en cuenta 50 áreas metropolitanas en las que viven más de 500 millones de personas repasa estos retos.

El informe defiende que planificar con anticipación la llegada de los vehículos autónomos, la generalización de la propulsión eléctrica y de los vehículos compartidos, así como los restantes avances que están transformando la movilidad urbana, ayudará a las ciudades a aprovechar realmente los beneficios que esta tecnología conlleva. Beneficios como un aire más limpio o una movilidad más sencilla.

El primer aspecto que el informe subraya es el transporte público, que considera «esencial» para evitar una mayor congestión. «Los gobiernos tendrán que asegurarse de que el transporte público sigue siendo una alternativa más atractiva que la movilidad privada», enfatiza el documento.

Otro aspecto, también relacionado con el tráfico, refiere al uso del suelo. La reducción en el número de vehículos que circulan por las ciudades liberaría al menos parte del espacio que ahora ocupa el estacionamiento y que se estima en hasta el 15% del suelo público en las grandes zonas metropolitanas. Según McKinsey, algunos de estos espacios de aparcamiento en sitios donde los pasajeros pueden subir o bajar de los vehículos podrían mejorar el tráfico urbano.

El informe menciona también que el cambio en los sistemas de movilidad puede afectar a las bases impositivas de muchas ciudades. Y menciona un supuesto: en la ciudad ideal, con movilidad limpia o compartida donde el vehículo eléctrico sea el rey, los ingresos por el impuesto de combustibles podrían bajar entre un 20% y un 65%. Por el contrario, la conectividad e Internet de las Cosas podría servir para recaudar y cobrar nuevos impuestos por su uso.

Los autores, finalmente, también consideran que los responsables políticos de las ciudades deberían modificar en parte el uso de las infraestructuras de transporte. Y sugiere un cambio: igual que en la actualidad algunas áreas reservan carriles para vehículos de baja emisión o de alta ocupación (como podría ser el carril bus, por mencionar el ejemplo más habitual en las ciudades), el documento considera que se podría habilitar carriles para que circulen los vehículos autónomos a velocidades más altas que en aquellas vías en las que convivan con vehículos convencionales.

http://bit.ly/2sSQeDS

 

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